Amigos y
amigas, quiero compartir con ustedes la primera parte del siguiente artículo,
el cual coincido, de los Maestros Armando G. Lagos Barba. Director Sistemas y Medios. CECyTEJ.
y José Manuel Jurado Parres. Director Escuela Preparatoria No. 5
UdeG.
Espero sea de su agrado.
La verdad, la justicia y la generosidad son elementos ingénitos de
la democracia. Acabamos de pasar por un período electoral en donde el valor
fundamental debió ser la verdad; la etapa siguiente está relacionada con
la justicia (diferente de lo legal, que no siempre es justo). En este sentido,
la justicia debió quedar plasmada en la legitimidad de los resultados
electorales.
Es menester señalar que la legitimidad no únicamente debe ser
exigida a un candidato, sino todos deben estar sometidos a ella. Por último, el
corolario de este proceso está relacionado con un elemento que hace del humano
que sea precisamente eso, humano: la generosidad.
No se puede concebir una
conglomerado organizado de humanos sin generosidad. (Aunque quizás una horda
pudiera existir sin generosidad.)
La verdad es la reafirmación de la prístina apreciación de la
realidad. Si no existe una percepción precisa de la realidad, se pueden cometer
muchos errores y vivir en el engaño, la demagogia y la decepción que a la larga
causarán un estado de mezquindad, pobreza y en
general, mediocridad en la
sociedad.
En estas pasadas elecciones es de preguntarse ¿qué es lo que en
realidad pasó? ¿Cuál es la verdad o las verdades limitadas y aplicadas en
diferentes contextos? De la verdad se desprende la legitimidad en todos y cada
uno de los candidatos. No podrá haber legitimidad mientras no se hable con la
verdad en todos los casos. Las estratagemas de mentiras solamente engordarán el
caldo de la mediocridad nacional, de la falta de confianza del ciudadano en los
servidores públicos y acrecentará la falta de integridad social. Una sociedad
es próspera cuando existe una correlación entre la integridad individual y la
integridad social.
En la integridad individual y social no hay espacio para la
mentira. Pero, así como es muy difícil que un mitómano deje de decir mentiras,
de la misma manera, a una sociedad acostumbrada a la mentira le será muy
difícil hablar con la verdad; en todos los niveles y áreas. Sin embargo no
podemos ser ingenuos y esperar que la verdad absoluta prevalezca en todas las
esferas y situaciones de la vida cotidiana… en ningún país toda comunicación es
absolutamente fidedigna. Lo trascendente es el grado de exigencia para hablar
con la verdad y que se nos hable de la misma forma a fin de determinar el grado
de veracidad que se utilice en la comunicación social general. Este parámetro
está relacionado con el “ethos” o la integridad social que prive en una
determinada sociedad. En algunas sociedades, la mentira cotidiana prevalece:
mientras que en otras, el mentir se considera una gran afrenta.
El segundo tema, la justicia, está íntimamente ligada con la
verdad. Sin embargo se diferencia en que afecta a los hechos. La verdad es
solamente una calidad de la comunicación; la justicia deriva en hechos. Es
justo que la ciudadanía sepa, no sólo los resultados de la elección sino los
procesos que llevaron a tales resultados. Nuestra historia electoral está
inmersa en las dádivas que siempre, todos los candidatos y partidos han
ofrecido a los electores; desde plumas, lonches, camisetas, gorras etcétera. Lo
importante es determinar la diferencia entre el material publicitario que tiene
como función la persuasión del voto, y otra, la coacción por el voto, la compra
del voto, en donde el que recibe la dádiva se compromete a votar por un partido
o candidato determinado. Cuando esto sucede, se convierte en una afrenta más a
la dignidad de la persona y a la ciudadanía, a México. El pensamiento
subyacente es que lo más sagrado del individuo y del país, su libertad para
elegir su destino, se le está robando con migajas que mitigan por poco tiempo
su miseria social.
Como lo mencionaba el Benemérito de las Américas, la justicia se
refiere a vivir en la justa medianía que se deriva del justo usufructo emanado
del trabajo honrado. No es justo vivir en la miseria como tampoco lo es vivir
en la desmedida opulencia: son extremos totalmente injustos e inaceptables.
Lamentablemente, existe una neurosis social de escasez, que especialmente en
los países más pobres se trata de aliviar engolfándose de bienes, perdiendo la
perspectiva de la realidad que nos dicta que cuando nos vayamos, no nos
llevaremos nada.
El tercer elemento, la generosidad y la democracia lo comentaremos
en nuestra siguiente entrega.
Mtro. Armando G. Lagos Barba. Director Sistemas y Medios. CECyTEJ.
Mtro. José Manuel Jurado Parres. Director Escuela Preparatoria No. 5 UdeG.
duo.dinamico.jurado.lagos@gmail.com
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