miércoles, 18 de julio de 2012

Verdad, justicia y generosidad (Primera parte)


Amigos y amigas, quiero compartir con ustedes la primera parte del siguiente artículo, el cual coincido, de los Maestros Armando G. Lagos Barba. Director Sistemas y Medios. CECyTEJ.  y  José Manuel Jurado Parres. Director Escuela Preparatoria No. 5 UdeG. 

Espero sea de su agrado.

La verdad, la justicia y la generosidad son elementos ingénitos de la democracia. Acabamos de pasar por un período electoral en donde el valor fundamental debió ser la verdad;  la etapa siguiente está relacionada con la justicia (diferente de lo legal, que no siempre es justo). En este sentido, la justicia debió quedar plasmada en la legitimidad de los resultados electorales. 

Es menester señalar que la legitimidad no únicamente debe ser exigida a un candidato, sino todos deben estar sometidos a ella. Por último, el corolario de este proceso está relacionado con un elemento que hace del humano que sea precisamente eso, humano: la generosidad. 

No se puede concebir una conglomerado organizado de humanos sin generosidad. (Aunque quizás una horda pudiera existir sin generosidad.)

La verdad es la reafirmación de la prístina apreciación de la realidad. Si no existe una percepción precisa de la realidad, se pueden cometer muchos errores y vivir en el engaño, la demagogia y la decepción que a la larga causarán un estado de mezquindad, pobreza y en 
general, mediocridad en la sociedad.

En estas pasadas elecciones es de preguntarse ¿qué es lo que en realidad pasó? ¿Cuál es la verdad o las verdades limitadas y aplicadas en diferentes contextos? De la verdad se desprende la legitimidad en todos y cada uno de los candidatos. No podrá haber legitimidad mientras no se hable con la verdad en todos los casos. Las estratagemas de mentiras solamente engordarán el caldo de la mediocridad nacional, de la falta de confianza del ciudadano en los servidores públicos y acrecentará la falta de integridad social. Una sociedad es próspera cuando existe una correlación entre la integridad individual y la integridad social. 

En la integridad individual y social no hay espacio para la mentira. Pero, así como es muy difícil que un mitómano deje de decir mentiras, de la misma manera, a una sociedad acostumbrada a la mentira le será muy difícil hablar con la verdad; en todos los niveles y áreas. Sin embargo no podemos ser ingenuos y esperar que la verdad absoluta prevalezca en todas las esferas y situaciones de la vida cotidiana… en ningún país toda comunicación es absolutamente fidedigna. Lo trascendente es el grado de exigencia para hablar con la verdad y que se nos hable de la misma forma a fin de determinar el grado de veracidad que se utilice en la comunicación social general. Este parámetro está relacionado con el “ethos” o la integridad social que prive en una determinada sociedad. En algunas sociedades, la mentira cotidiana prevalece: mientras que en otras, el mentir se considera una gran afrenta.

El segundo tema, la justicia, está íntimamente ligada con la verdad. Sin embargo se diferencia en que afecta a los hechos. La verdad es solamente una calidad de la comunicación; la justicia deriva en hechos. Es justo que la ciudadanía sepa, no sólo los resultados de la elección sino los procesos que llevaron a tales resultados. Nuestra historia electoral está inmersa en las dádivas que siempre, todos los candidatos y partidos han ofrecido a los electores; desde plumas, lonches, camisetas, gorras etcétera. Lo importante es determinar la diferencia entre el material publicitario que tiene como función la persuasión del voto, y otra, la coacción por el voto, la compra del voto, en donde el que recibe la dádiva se compromete a votar por un partido o candidato determinado. Cuando esto sucede, se convierte en una afrenta más a la dignidad de la persona y a la ciudadanía, a México. El pensamiento subyacente es que lo más sagrado del individuo y del país, su libertad para elegir su destino, se le está robando con migajas que mitigan por poco tiempo su miseria social.

Como lo mencionaba el Benemérito de las Américas, la justicia se refiere a vivir en la justa medianía que se deriva del justo usufructo emanado del trabajo honrado. No es justo vivir en la miseria como tampoco lo es vivir en la desmedida opulencia: son extremos totalmente injustos e inaceptables. Lamentablemente, existe una neurosis social de escasez, que especialmente en los países más pobres se trata de aliviar engolfándose de bienes, perdiendo la perspectiva de la realidad que nos dicta que cuando nos vayamos, no nos llevaremos nada.

El tercer elemento, la generosidad y la democracia lo comentaremos en nuestra siguiente entrega.

Mtro. Armando G. Lagos Barba. Director Sistemas y Medios. CECyTEJ. Mtro. José Manuel Jurado Parres. Director Escuela Preparatoria No. 5 UdeG. duo.dinamico.jurado.lagos@gmail.com

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